viajes épicos


A cervantes 3

El rencuentro de Camila
Nuevamente la nostálgica iluminación de pueblo, calles empedradas, subidas y bajadas, callejones en espiral, nos trajeron, como por inercia o por misticismo etílico, a sus entrañas. A cervantes.

Primera parada Leon

Una cervecita para alivianar la salida necia de la ciudad de mexico. Unas cervecitas más en la primera parada de camión donde lamentablemente no vendían memorabilia de John Deere.

Finalmente y no gracias a los dos GPS que llevábamos, llegamos a despertar a mi tío carlos a las 2 am quien nos recibió cálidamente con otras cervezas; sin duda un buen cierre de la primera jornada.

Al día siguiente bien repuestos emprendimos al calentamiento con unas merecidas (por el calor de LEON) micheladas.

El auditorio bicentenario, vale la pena la visita.

Augurios del misticismo etílico

“3 cocas de 600 y un bacardí de a litro y una de jimador por favor.

Como especie de premoniciones deberás estar pendiente de notar situaciones extrañas, o hasta bizarras.

El castillo de excalibur, el jardín de dalí, y la torre del augurio.

Emprendimos a Guanajuato vía camión y vía forjado de cubas camioneras. Todo empezó mal.

O,¿ perfectamente bien orquestado?

Aterrizando en Cervantes y tras una “power nap” tocamos suelo solo para volvernos a subir al caballo gallardo que nos llevaría por las entrañas de Cervantes hasta el epicentro del viaje.

Un cristo en el camión, buena señal.

Una botella de vino al llegar al mero centro para evocar a los faltantes de esta empresa: Shavita!!

Se oía el grito por las calles. “unas vueltecitas”

Luego, compramos boletos para ver a DJ Koala

Teníamos que deshacernos de las botellas, de una manera u otra, por lo que optamos por la economía y no la salud.

Botella de vino en 5 minutos, y otras cocas para vaciar el resto del ron. Luego escondite incómodo de las botellas.

Finalmente no se nos revisó. Ni se nos pidieron los boletos. Los policías parecían pendientes que los presentes se la pasaran bien.

Mientras pasábamos el último arco de seguridad se resbalaba la botella tequilera y salió por mis pies en frente de todo el cuerpo de seguridad como burlándose de todos los ahí presentes.

La recogí, pasé y no pasó nada. Lo único diferente eran los tres dones de la naturaleza con un nivel más elevado de alcohol en el torrente sanguíneo bombeando sangre al ritmo de los scracheos de kid koala.

Kid koala y brindis con cocacola (cuba recontracargada) en mano y porros volando por los aires.

Happy times!!

Salimos después cuando el humo se empezaba a entremezclar con la realidad.

Fuimos por calles que no registraron mis ojos ni mi memoria, pero si mi cámara, hasta la cola infinita que era la entrada del bar rastafareo de Guanajuato; mis amigos de A cervantes 1 y 2 sabrán de que les estoy hablando.

La cola daba vueltas como fila de feria, algo bueno habría adentro. Marcos, sin pensarlo decidió entrar al restaurante que está debajo de dicho bar, para salir por la cocina a lado de la entrada del bar.

Entramos como VIPS escuchando a nuestras espaldas el desaforado y encabronado pensamiento colectivo de todos a los que cortamos en la fila: “Pinches gueyes de Camila, que se creen”

“pinches mameis”

Olvidé mencionar que al llegar a Cervantes la primera compra después del vino tinto fueron unos sombreros que particularmente nos hacían resaltar como una infame banda de pop que ni quiero aludir aquí.

Imágenes auto explicativas es la única evidencia de que ocurrieron los siguientes eventos. Mi memoria se difuminó como cubo de azúcar derritiéndose en ajenjo van gojeano.

Unas cubitas, un cigarro, y banda nueva de no sé dónde. 2 cubas, 1 cuba por favor

Unos hielos en un oxxo y nuevamente el grito de “pinches gueyes de camila!!”

Caminatas difusas en callejones, no se en que orden.

La imagen real contra nuestra distorsionada realidad cervantina.

Más callejones, universidad de Guanajuato, dormidos en sus acogedores escalones de cantera. Bailes ecuatorianos al ritmo de otra botella de ron y más personas nuevas que jamás habremos de recordar, tal vez Marcos si tenga uno que otro teléfono por ahí.

Yo andaba en estado automático (zombi) [un saludo a mis amigos de Cervantes 2, conocen ese estado automatizado] por lo que no puedo dar testimonio más de lo que me cuentan y muestran las escasas fotos. Es verdad y si no, no dejen de comprobarlo en A Cervantes 4, la venganza de Camila.

El retorno casi se torna una desgracia por un novio celoso que no podía permitir a mi amigo Marcos hacer un intento de frescura frente a su mujer. Eso y cantar Setzo en el Otzo. 

Conclusiones de viaje.

  • Ante cualquier duda estate presto a decir SÍ
  • Nunca cantar Setzo en el Otzo a todo volumen en un camión a las 6 de la mañana. No sabes a quien puedes ofender.
  • Si vas a un concierto u otro evento compra las botellas o ingierelas con buen tiempo de anticipación.


Fotos setzuales:

A cervantes 3
El reencuentro de Camila
Nuevamente la nostálgica iluminación de pueblo, calles empedradas, subidas y bajadas, callejones en espiral, nos trajeron, como por inercia o por misticismo etílico, a sus entrañas. A cervantes.

Primera parada Leon

Una cervecita para alivianar la salida necia de la ciudad de mexico. Unas cervecitas más en la primera parada de camión donde lamentablemente no vendían memorabilia de John Deere.

Finalmente y no gracias a los dos GPS que llevábamos, llegamos a despertar a mi tío carlos a las 2 am quien nos recibió cálidamente con otras cervezas; sin duda un buen cierre de la primera jornada.

Al día siguiente bien repuestos emprendimos al calentamiento con unas merecidas (por el calor de LEON) micheladas.

El auditorio bicentenario, vale la pena la visita.

Augurios del misticismo etílico

“3 cocas de 600 y un bacardí de a litro y una de jimador por favor.

Como especie de premoniciones deberás estar pendiente de notar situaciones extrañas, o hasta bizarras.

El castillo de excalibur, el jardín de dalí, y la torre del augurio.

Emprendimos a Guanajuato vía camión y vía forjado de cubas camioneras. Todo empezó mal.

O,¿ perfectamente bien orquestado?

Aterrizando en Cervantes y tras una “power nap” tocamos suelo solo para volvernos a subir al caballo gallardo que nos llevaría por las entrañas de Cervantes hasta el epicentro del viaje.

Un cristo en el camión, buena señal.

Una botella de vino al llegar al mero centro para evocar a los faltantes de esta empresa: Shavita!!

Se oia el grito por las calles. “unas vueltecitas”

Luego, compramos boletos para ver a DJ Koala

Teníamos que deshacernos de las botellas, de una manera u otra, por lo que optamos por la economía y no la salud.

Botella de vino en 5 minutos, y otras cocas para vaciar el resto del ron. Luego escondite incómodo de las botellas.

Finalmente no se nos revisó. Ni se nos pidieron los boletos. Los policías parecían pendientes que los presentes se la pasaran bien.

Mientras pasábamos el último arco de seguridad se resbalaba la botella tequilera y salió por mis pies en frente de todo el cuerpo de seguridad como burlándose de todos los ahí presentes.

La recogí, pasé y no pasó nada. Lo único diferente eran los tres dones de la naturaleza con un nivel más elevado de alcohol en el torrente sanguíneo bombeando sangre al ritmo de los scracheos de kid koala.

Kid koala y brindis con cocacola (cuba recontracargada) en mano y porros volando por los aires.

Happy times!!

Salimos después cuando el humo se empezaba a entremezclar con la realidad.

Fuimos por calles que no registraron mis ojos ni mi memoria, pero si mi cámara, hasta la cola infinita que era la entrada del bar rastafareo de Guanajuato; mis amigos de A cervantes 1 y 2 sabrán de que les estoy hablando.

La cola daba vueltas como fila de feria, algo bueno habría adentro. Marcos, sin pensarlo decidió entrar al restaurante que está debajo de dicho bar, para salir por la cocina a lado de la entrada del bar.

Entramos como VIPS escuchando a nuestras espaldas el desaforado y encabronado pensamiento colectivo de todos a los que cortamos en la fila: “Pinches gueyes de Camila, que se creen”

“pinches mameis”

Olvidé mencionar que al llegar a Cervantes la primera compra después del vino tinto fueron unos sombreros que particularmente nos hacían resaltar como una infame banda de pop que ni quiero aludir aquí.

Imágenes auto explicativas es la única evidencia de que ocurrieron los siguientes eventos. Mi memoria se difuminó como cubo de azúcar derritiéndose en ajenjo van gojeano.

Unas cubitas, un cigarro, y banda nueva de no sé dónde. 2 cubas, 1 cuba por favor

Unos hielos en un oxxo y nuevamente el grito de “pinches gueyes de camila!!”

Caminatas difusas en callejones, no se en que orden.

La imagen real contra nuestra distorsionada realidad cervantina.

Más callejones, universidad de Guanajuato, dormidos en sus acogedores escalones de cantera. Bailes ecuatorianos al ritmo de otra botella de ron y más personas nuevas que jamás habremos de recordar, tal vez Marcos si tenga uno que otro teléfono por ahí.

Yo andaba en estado automático (zombi) [un saludo a mis amigos de Cervantes 2, conocen ese estado automatizado] por lo que no puedo dar testimonio más de lo que me cuentan y muestran las escasas fotos. Es verdad y si no, no dejen de comprobarlo en A Cervantes 4, la venganza de Camila.

El retorno casi se torna una desgracia por un novio celoso que no podía permitir a mi amigo Marcos hacer un intento de frescura frente a su mujer. Eso y cantar Setzo en el Otzo. 

Conclusiones de viaje.

  • Ante cualquier duda estate presto a decir SÍ
  • Nunca cantar Setzo en el Otzo a todo volumen en un camión a las 6 de la mañana. No sabes a quien puedes ofender.
  • Si vas a un concierto u otro evento compra las botellas o ingierelas con buen tiempo de anticipación.

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2 pensamientos en “viajes épicos

  1. Pingback: Cervantes 3 « Tepetongo Wave

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